¿De dónde nacen estas prácticas y de qué son herencia?
1. La herencia del Adultocentrismo y el Estatuto de Propiedad de la Infancia
Históricamente, la infancia no ha sido concebida como una etapa con derechos propios, sino como un estado de "incompletitud" o preparación para la vida adulta (el niño como "proyecto de adulto" o "homúnculo").
- Origen sociohistórico: Como señalan investigadoras en sociología de la infancia como Priscilla Alderson (2000, 2023) o Allison James (2009), la sociedad occidental ha heredado una visión jurídica y cultural donde los niños eran literalmente propiedad privada o patrimonio de la familia.
- Impacto social: Bajo esta premisa implícita, el adulto (familiar o conocido) siente que ostenta un derecho de acceso al cuerpo del bebé o niño. El adulto prioriza su propia necesidad emocional o compromiso social («quere mostrar afecto», «cumplir con la etiqueta social») por encima del registro propioceptivo y el consentimiento del menor.
2. La distorsión del sesgo evolutivo: La "Lindura" (Kindchenschema) y la cosificación del bebé
Desde la psicología evolucionista y la neurociencia afectiva, los bebés humanos poseen rasgos físicos específicos (cabeza grande, ojos prominentes, extremidades rechonchas) diseñados por la evolución para desencadenar respuestas de cuidado e interactividad en los adultos.
- Mecanismo biológico: El Kindchenschema (esquema de bebé), acuñado originalmente por el etólogo Konrad Lorenz y validado por la neurociencia moderna (Morten L. Kringelbach et al., 2016), activa el sistema de recompensa dopaminérgico en el cerebro adulto.
- Origen de la práctica: En la sociedad actual, este impulso biológico de protección se distorsiona y desregula. La respuesta afectiva adulta abruma la agencia del bebé: el adulto experimenta la necesidad impulsiva de tocar, coger o besar al bebé como si fuera un "objeto estimulante" o un juguete de peluche (cuteness aggression o agresión por ternura), anulando el registro de si la criatura está dispuesta o no a recibir ese contacto.
3. La herencia del Conductismo y la norma de la Obediencia Sumisa
Durante gran parte del siglo XX, los modelos pedagógicos dominantes primaban la obediencia ciega y el control social externo como indicadores de "buena educación".
- Origen cultural: El modelo conductista y las normas victorianas de cortesía enseñaron a las generaciones anteriores que un niño "educado" es aquel que responde pasivamente a las demandas de los adultos.
- Impacto social: Exigir un beso o un abrazo obligado a un familiar es una herencia directa de este modelo: se utiliza el afecto como una moneda de cambio o de cortesía social. Se enseña implícitamente al niño que la buena educación consiste en complacer al adulto aunque eso implique vulnerar sus propios límites corporales o sentirse incómodo.
4. La falta de alfabetización en Autonomía Corporal temprana
A nivel institucional y normativo, la noción de consentimiento se ha introducido casi exclusivamente en la adolescencia o en la educación sexual de adultos, omitiendo los primeros años de vida.
- Desconexión conceptual: Existe una resistencia cultural a aceptar que un bebé de 6 meses o un niño de 2 años posea agencia somática (Laura Estremera Bayod, 2022; Rafa Guerrero, 2023). Al no considerar al bebé como un sujeto con derecho a la integridad física, la sociedad infantiliza y despoja de validez sus señales de rechazo (girar la cara, llorar, tensar el cuerpo), clasificándolas erróneamente como "timidez", "mal comportamiento" o "rabieta".
La vulneración de la dignidad infantil desde la evidencia científica
1. Violación del consentimiento corporal y la autonomía táctil
El hábito social de obligar a los bebés y niños a abrazar, besarse o pasar de brazo en brazo sin su consentimiento expreso vulnera el principio neurobiológico de la autonomía corporal.
- Evidencia: Priscilla Alderson (2023) argumenta cómo desde los primeros meses de vida existe una conciencia de la propia integridad física. Ignorar las señales no verbales de un bebé cuando no desea el contacto físico o cuando demuestra incomodidad atenta directamente contra su capacidad en desarrollo para establecer límites interpersonales y registrar su propio bienestar somático.
- Impacto psicológico: Enseñar a un niño que no es dueño de su cuerpo para complacer las emociones de un adulto mina la capacidad de autocuidado y prevención frente a situaciones de abuso o vulneración en edades posteriores (Shalon Nienow, 2019).
2. El etiquetaje infantil y la Profecía Autocumplida
El modelo conductista tradicional recurría a etiquetar al niño («es travieso», «es tímido», «es malo para comer»).
- Evidencia: Desde la psicología cognitiva y la sociología de la educación, el efecto del etiquetaje informal ha sido analizado profundamente mediante el concepto del Efecto Pigmalión y la Internalización del Self (Robert Rosenthal y Lenore Jacobson, 1968; R. Solomon, 2008).
- Impacto psicológico: Cuando los adultos etiquetan a un bebé o niño pequeño, están ofreciendo un esquema rígido que el niño termina asumiendo como parte de su identidad inherente en lugar de una emoción o conducta pasajera (Emily Hanlon, 2023). Al tratarse de cerebros en desarrollo con alta plasticidad, la etiqueta condiciona el autoconcepto, reduce la autorregulación emocional y genera rigidez cognitiva.
3. Comentarios sobre su físico y "Bodyshaming" temprano
Expresiones adultas sobre si un bebé está «gordito», «muy flaco», o comentarios satíricos sobre sus rasgos o proporciones corporales son formas sutiles de cosificación.
- Evidencia: La investigación sobre la insatisfacción corporal en la infancia demuestra que las microobservaciones de los cuidadores principales y del entorno social sobre el cuerpo del niño influyen directamente en la internalización del esquema corporal temprano (Dianne Neumark-Sztainer et al., 2002; Alison Field et al., 2001).
- Impacto psicológico: Objetivar la anatomía del bebé antepone la mirada del adulto a la experiencia propioceptiva e interoceptiva de la propia criatura, poniendo las bases para futuros trastornos de la imagen corporal y reduciendo la autoestima.
4. La Teoría de la Autodeterminación (SDT) frente al Conductismo
Frente al modelo de incentivos, castigos y control externo propuesto por el conductismo para subordinar al niño a las expectativas adultas, las neurociencias modernas respaldan la Teoría de la Autodeterminación.
- Evidencia: Richard M. Ryan y Edward L. Deci (2000, 2020) demuestran que la salud mental, el desarrollo neurológico óptimo y el aprendizaje duradero solo ocurren cuando se satisfacen tres necesidades psicológicas básicas: autonomía, competencia y relación.
- Impacto psicológico: Convertir al bebé en un «juguete» o «adorno social» anula su necesidad intrínseca de autonomía, lo que activa respuestas de distrés y sobrecarga del sistema de estrés (eje HHA), afectando a la autorregulación afectiva a largo plazo.
Prácticas y expresiones automatizadas de la crianza tradicional y sus alternativas
"Pórtate bien"
Para un niño menor de 6 años, la indicación «pórtate bien» resulta abstracta, ambigua y emocionalmente confusa.
1. Falta de madurez cognitiva (Incapacidad de abstracción)
Hasta aproximadamente los 6 o 7 años, la corteza prefrontal del cerebro del niño (la encargada de las funciones ejecutivas como la planificación, el razonamiento abstracto y la autorregulación) está en plena construcción.
- El problema: «Pórtate bien» es un concepto abstracto. Para un adulto significa «quédate sentado, habla en un tono bajo, no toques las cosas y espera pacientemente». Para un niño de 3 o 4 años, esa frase no contiene ninguna instrucción clara ni concreta sobre qué conducta exacta se espera de él.
- La consecuencia: El niño experimenta desorientación o frustración porque no entiende el parámetro específico que debe cumplir.
2. Condicionamiento del afecto e invalidación emocional
Autores como Alberto Soler (Niños sin etiquetas) y Rafa Guerrero (Educación emocional) insisten en que las expresiones dicotómicas («portarse bien» vs. «portarse mal») envían un mensaje implícito sobre la valía personal del niño.
┌── "Si me porto bien" ──> Soy bueno / AceptadoExpectativa └── "Si me porto mal" ──> Soy malo / Rechazado
- El mensaje sutil: El niño pequeño interpreta que el amor o la aprobación del adulto depende de reprimir sus necesidades o emociones.
- La consecuencia: Si el niño está cansado, saturado o abrumado e interactúa con rabieta o inquietud, concluirá que «él es malo», en lugar de comprender que está experimentando una emoción difícil de gestionar.
3. Represión de la autorregulación en favor de la complacencia
Cuando un niño menor de 6 años aprende a «portarse bien» de forma precipitada por complacer al adulto o por miedo a perder su aprobación, lo hace generalmente mediante la inhibición conductual por hipervigilancia, no mediante autorregulación real.
- El riesgo: Anula la conexión con sus propias señales corporales y emocionales para convertirse en un «niño complaciente» (people pleaser), lo que dificulta que en el futuro aprenda a poner límites o a identificar sus propias necesidades.
¿Cómo sustituir el «pórtate bien» por alternativas respetuosas y concretas?
En lugar de pedir una conducta abstracta, la clave según la evidencia del desarrollo es dar instrucciones concretas, anticipar y validar la emoción.
En lugar de decir... «Pórtate bien en la consulta del médico»
Prueba a decir... «En la sala de espera vamos a hablar bajito y a leer este cuento juntos»
¿Por qué funciona mejor?
Da una acción precisa y alcanzable para su edad.
En lugar de decir... «Pórtate bien en la mesa»
Prueba a decir... «La comida se queda en el plato y usamos la cuchara para comer»
¿Por qué funciona mejor?
Define el límite claro sin juzgar su persona.
En lugar de decir... «¡Te estás portando mal!»
Prueba a decir...«Veo que estás muy cansado/frustrado. Estoy aquí para ayudarte a calmarte»
¿Por qué funciona mejor?
Separa la emoción de la conducta y ofrece acompañamiento.
"Muy bien"
El uso automático y reiterativo de expresiones como «¡Muy bien!», «¡Qué listo!», «¡Qué bonito!» o la búsqueda constante de felicitaciones por cada pequeña acción es lo que la psicología del desarrollo y autores como Kohn (2001) denominan la «adicción a la alabanza» (praise addiction).
Aunque la intención adulta suele ser motivar o reforzar la autoestima, utilizado en exceso hacia niños menores de 6 años produce efectos opuestos a los deseados.
1. Sustitución de la motivación intrínseca por motivación extrínseca
El cerebro de un niño pequeño nace con un impulso natural e innato por explorar, aprender y dominar nuevas habilidades (motivación intrínseca).
- El impacto: Cuando felicitamos de manera constante con un «¡Muy bien!» ante cada logro (como abrocharse un botón, hacer un dibujo o construir una torre), el foco del niño cambia. Ya no lo hace por el placer del descubrimiento o la satisfacción personal, sino por la recompensa social del adulto.
- Evidencia: Según la Teoría de la Autodeterminación (Ryan & Deci, 2000), el exceso de recompensas verbales externas erosiona el interés genuino y la autonomía del niño.
2. Dependencia de la aprobación externa y pérdida de criterio propio
Autores como Alberto Soler y Laura Estremera coinciden en que el «muy bien» automático convierte al adulto en el único juez de la experiencia del niño.
- El impacto: El niño de 3 a 5 años empieza a mirar continuamente la cara del adulto buscando su aprobación antes de valorar su propia obra («¿Está bien así, mamá?», «¿Te gusta?»).
- La consecuencia: En lugar de desarrollar un locus de control interno (evaluar cómo se siente él con lo que ha hecho), construye un locus de control externo, volviéndose vulnerable a la opinión de los demás y desarrollando baja tolerancia a la frustración cuando no recibe el aplauso esperado.
3. Generación de presión y miedo al fracaso
La alabanza fija («¡Muy bien!», «¡Eres un artista!») genera en el niño la necesidad de mantener un estándar alto de manera permanente.
- El impacto: Cuando un niño escucha «¡Muy bien!» ante cualquier esfuerzo básico, puede interpretar que si en la siguiente ocasión no le sale igual de rápido o bonito, habrá «fracasado» o habrá dejado de estar «bien».
- La consecuencia: Muchos niños pequeños expuestos a este tipo de refuerzo constante terminan evitando retos nuevos o actividades más complejas por temor a perder la valoración positiva del adulto.
4. Pérdida de valor informativo y desconexión afectiva
Para un niño menor de 6 años, un «¡Muy bien!» dicho con automatismo mientras los adultos están mirando el teléfono o atendiendo a otra cosa no aporta información sobre su acción ni genera un vínculo real.
- El impacto: Es una respuesta hueca que no describe lo que el niño ha experimentado ni le ayuda a estructurar su pensamiento sobre la tarea.
¿Cómo sustituir el «muy bien» por un acompañamiento respetuoso?
Sustituir el elogio automático no significa dejar de validar o celebrar los avances del niño; significa pasar de evaluar al niño a describir e interesarse por su proceso.
Evaluación (Elogio evaluativo) ──> "¡Qué dibujo tan bonito, muy bien!" Conexión (Elogio descriptivo) ──> "¡Veo que has usado mucho color rojo aquí! ¿Cómo lo has hecho?"
En lugar de decir... «¡Muy bien, te has puesto los zapatos solo!»
Prueba a decir...«¡Te has puesto los zapatos tú solo! He visto que has tenido que apretar fuerte la tira.»
¿Por qué funciona mejor?
Registra su propio esfuerzo y el proceso que ha seguido.
En lugar de decir... «¡Qué bonito el dibujo, muy bien!»
Prueba a decir...«¡Cuántas líneas has dibujado! Veo que has usado mucho azul. ¿Qué parte te ha gustado más hacer?»
¿Por qué funciona mejor?
Conecta con su propia experiencia y toma el rol activo en la conversación.
En lugar de decir... «¡Muy bien, has compartido el juguete!»
Prueba a decir...«Tu amigo se ha puesto muy contento cuando le has prestado el camión.»
¿Por qué funciona mejor?
Entiende el impacto real de su conducta social en la otra persona.
Anatomía del flechazo infantil: Por qué la evolución programó nuestra debilidad por los bebés y los niños
La ciencia aborda este fenómeno a través de la neurociencia afectiva, la etología y la psicología evolutiva, explicando que la ternura y el impulso de tocar a los bebés y niños no son simples preferencias estéticas, sino un mecanismo neurobiológico de supervivencia altamente desarrollado.
Explicación Científica
1. Activación del Esquema de Bebé (Kindchenschema)
Desde la etología, se define el Kindchenschema como un conjunto de rasgos físicos universales (cara redonda, ojos grandes, frente prominente y extremidades cortas). Estos rasgos actúan como un estímulo clave que el cerebro humano procesa de forma instantánea para identificar vulnerabilidad, lo que activa de manera automática la motivación hacia el cuidado y la protección.
2. Activación del Sistema de Recompensa Cerebral
Mediante estudios de resonancia magnética funcional (fMRI), se ha demostrado que la exposición a rostros infantiles estimula directamente el núcleo accumbens, un área clave del sistema mesocorticolímbico que procesa la recompensa y la motivación apetitiva. Esto genera una descarga de dopamina que produce una sensación inmediata de bienestar y placer en el adulto.
3. Regulación Emocional y "Agresión Tierna" (Cute Aggression)
El impulso irrefrenable de apretar, tocar o morder levemente a un bebé responde a un fenómeno conocido como expresión dimorfa de la emoción. Cuando el cerebro experimenta una dosis abrumadora de emociones positivas ante un estímulo tierno, activa respuestas de carácter opuesto (como apretar o tensar los músculos) para regular el desborde emocional. Este mecanismo evita la incapacitación del adulto por exceso de ternura y canaliza la energía hacia una interacción física cercana y funcional.
4. Neuroquímica del Apego y la Empatía
La interacción con niños estimula la liberación de oxitocina, hormona asociada con el vínculo social y el comportamiento maternal/paternal, a la vez que reduce los niveles de cortisol y respuestas defensivas. Esto disminuye la agresividad y predispone biológicamente al adulto a tolerar los costes de la crianza.
Bibliografía
- Alderson, Priscilla. (2023). Bodily integrity and autonomy of the youngest children and consent to their healthcare. Clinical Ethics, 19(3), 291–296. https://doi.org/10.1177/14777509231188006
- Aragón, O. R., Clark, M. S., Dyer, R. L., & Bargh, J. A. (2015). Dimorphous expressions of positive emotion: Displays of both care and aggression in response to cute stimuli. Psychological Science, 26(3), 259–273.
- Field, Alison E., Camargo, Carlos A., Taylor, C. Barr, Berkey, Catherine S., Roberts, S. Bryn, y Colditz, Graham A. (2001). Peer, parent, and media influences on the development of weight concerns and frequent dieting among preadolescent and adolescent girls and boys. Pediatrics, 107(1), 54–60. https://doi.org/10.1542/peds.107.1.54
- Glocker, M. L., Langleben, D. D., Ruparel, K., Loughead, J. W., Valdez, J. N., Griffin, M. D., Sachser, N., & Gur, R. C. (2009). Baby schema modulates the brain reward system in nulliparous women. Proceedings of the National Academy of Sciences, 106(22), 9115–9119.
- Hanlon, Emily. (2023). The power of labels: Why we should rethink how we describe children. The Playful Psychologist Press.
- Kringelbach, M. L., Stark, E. A., Alexander, C., Bornstein, M. H., & Stein, A. (2016). On cuteness: Unlocking the parental brain and shaping its responsiveness. Trends in Cognitive Sciences, 20(7), 545–558.
- Lorenz, K. (1943). Die angeborenen Formen möglicher Erfahrung [The innate forms of potential experience]. Zeitschrift für Tierpsychologie, 5(2), 235–409.
- Neumark-Sztainer, Dianne, Patterson, Joan M., Mellin, Alice, Ackard, Diann M., Story, Mary, y Perry, Cheryl L. (2002). Weight control practices and disordered eating behaviors among girls and boys in early adolescence: Associations with obesity, body pride, and other psychological factors. Journal of Adolescent Health, 31(2), 133–151. https://doi.org/10.1016/S1054-139X(02)00346-9
- Nienow, Shalon. (2019). Seven steps to teaching children body autonomy. Rady Children’s Hospital San Diego - Pediatric Clinical Publications, 12(1), 15–22.
- Rosenthal, Robert, y Jacobson, Lenore. (1968). Pygmalion in the classroom: Teacher expectation and pupils' intellectual development. The Urban Review, 3(1), 16–20. https://doi.org/10.1007/BF02322211
- Ryan, Richard M., y Deci, Edward L. (2000). Self-determination theory and the facilitation of intrinsic motivation, social development, and well-being. American Psychologist, 55(1), 68–78. https://doi.org/10.1037/0003-066X.55.1.68
- Ryan, Richard M., y Deci, Edward L. (2020). Intrinsic and extrinsic motivation from a self-determination theory perspective: Definitions, theory, practices, and future directions. Contemporary Educational Psychology, 61, Article 101860. https://doi.org/10.1016/j.cedpsych.2020.101860
- Solomon, R. (2008). The impact of labeling in childhood on the sense of self of young adults [Tesis doctoral, Ottawa University]. Collections Canada Repository.
- Stavropoulos, K. K. M., & Alba, L. A. (2018). “It’s so Cute I Could Crush It!”: Understanding neural mechanisms of cute aggression. Frontiers in Behavioral Neuroscience, 12, 300.


