El conductismo es una de las corrientes teóricas más influyentes de la psicología científica. Rompió radicalmente con el estudio de la mente y la conciencia mediante la introspección para centrarse de manera exclusiva en el estudio del comportamiento observable, medible y cuantificable.
El conductismo concibe al organismo como un sistema que reacciona a los estímulos del medio ambiente. Según esta perspectiva, la conducta no está determinada por procesos mentales internos e inobservables (sentimientos, pensamientos o deseos), sino por mecanismos de asociación, condicionamiento y aprendizaje moldeados por el entorno.
Se fundamenta en dos premisas centrales:
Ivan Pavlov (1849–1936)
Fisiólogo ruso que descubrió el condicionamiento clásico mediante sus célebres experimentos con perros, asociando el sonido de una campana con la llegada de comida.
Edward Thorndike (1874–1949)
Formuló la Ley del Efecto, que establece que las conductas seguidas de consecuencias satisfactorias tienden a repetirse, sentando las bases del condicionamiento operante.
John B. Watson (1878–1958)
Considerado el padre del conductismo. Rechazó la introspección e impulsó el estudio objetivo de la conducta manifiesta. Es célebre (y controversial) por su experimento con el «Pequeño Albert».
B. F. Skinner (1904–1990)
Desarrolló el conductismo radical y profundizó el condicionamiento operante. Diseñó la «Caja de Skinner» y propuso que el comportamiento social y educativo se puede moldear mediante esquemas sistemáticos de refuerzo.
El surgimiento formal del conductismo se sitúa en 1913, año en que John B. Watson publicó su célebre artículo "Psychology as the Behaviorist Views It" (conocido como el Manifiesto Conductista) en la revista Psychological Review.