La capacidad de comprender que los demás poseen una mente propia, con pensamientos, deseos y creencias independientes a los nuestros, es uno de los mayores hitos de la evolución humana. Este constructo, conocido como Teoría de la Mente (ToM por sus siglas en inglés, Theory of Mind), constituye el puente definitivo entre nuestra biología individual y nuestra existencia eminentemente social.
Para comprender la ToM en toda su complejidad, es necesario integrar la rigurosidad de la psicología del desarrollo con los hallazgos recientes de la neuroeducación y la neurobiología, de la mano de referentes como David Bueno y Francisco Mora.
La Teoría de la Mente es la capacidad cognitiva de atribuir estados mentales (intenciones, deseos, creencias, conocimientos y emociones) tanto a uno mismo como a los demás, con el fin de comprender, predecir y explicar sus conductas (Premack & Woodruff, 1978).
Se define como una "teoría" porque los estados mentales de los otros no son directamente observables. El cerebro humano actúa como un "científico social", formulando hipótesis predictivas sobre lo que ocurre en el interior de la cabeza del otro para ajustar el comportamiento propio en consecuencia.
"La Teoría de la Mente es la capacidad de atribuir pensamientos, intenciones, deseos y creencias a otras personas y darse cuenta de que estos estados mentales pueden ser diferentes a los propios." Francisco Mora.
Como también nos indica Laura Estremera, "es la capacidad humana de comprender nuestra mente y la de los demás (...) ;no se consigue hasta los 4 o 5 años.""
Atendiendo al enfoque ecobiopsicosocial:
-Dimensión biológica: Biológicamente, el niño nace con una predisposición a preferir estímulos sociales (rostros, voces humanas). Sin esta "arquitectura" preparada para el reconocimiento del otro, la Teoría de la Mente no podría emerger. Requiere la maduración de áreas específicas del cerebro social, como la corteza prefrontal dorsolateral, la unión temporoparietal y el sistema de neuronas espejo. Eso se inicia entorno a los 3 años.
-Dimensión psicológica: Para que un niño pueda interesarse por lo que otro piensa, primero debe sentirse seguro sobre sí mismo. Un niño que vive en un estado de estrés constante (miedo o desregulación) dedica toda su energía mental a su propia supervivencia, no a intentar entender la mente de los demás. La curiosidad por el "otro" es un lujo cognitivo que surge desde la calma.
-Dimensión social: el entorno social debe ser conversacional: Que hable de los estados internos ("pienso", "creo", "quiero"); desafiante: Que presente diferencias de opinión o perspectiva de manera lúdica; lúdico: Que priorice el juego compartido donde los roles se intercambian; validante: Que reconozca que la mente del niño es digna de ser escuchada y comprendida.
-Dimensión ecológica: Un entorno con acceso a otros niños (hermanos, primos, amigos en el parque) obliga al cerebro a procesar la diferencia: "Él quiere el mismo juguete que yo". La interacción con pares es el mayor "gimnasio" para la Teoría de la Mente. Si el entorno es muy rígido, autoritario y sin espacio para el juego libre, el niño tiene menos oportunidades de experimentar situaciones donde las perspectivas chocan. El entorno necesita permitir el conflicto social leve (negociar un juguete, ponerse de acuerdo en un juego) para que el niño pueda poner a prueba su capacidad de entender al otro.
*Si te interesa esta información y quieres profundizar, consulta el taller: el inicio de la empatía.*
Os presento una situación muy habitual en la escuela infantil:
Dos niños de 2 años están jugando en el patio cada uno con un coche de madera; en un momento dado, uno de los niños le coge al otro el coche con el que estaba jugando y evidentemente el niño que lo tenía primero llora.
¿Es adecuado regañar al niño que ha cogido el coche del compañero?
Evidentemente no, lo correcto es acompañar la situación: "entiendo que ahora quieras el coche de tu compañero pero ahora no está disponible. Cuando el lo deje lo podrás coger tú. Mientras tanto te puedo ofrecer este otro coche si quieres"
De esta manera atendemos la necesidad ofreciendo otro material lo más similar posible pero mantenemos el límite. Posiblemente el niño no se conforme con la opción que le damos y se enfade, por lo que tendremos que sostener esa emoción y acompañarle desde la calma, ofreciendo contacto físico, si quiere.
Este niño está en egocentrismo propio de la edad y por tanto todavía no es capaz de entender que sus acciones afectan a los demás, no es capaz de ponerse en el punto de vista del otro, es decir, todavía no tiene Teoría de la mente.